»Buda Shakyamuni hizo girar la rueda del dharma hace más de 2.500 años. Sin embargo, también dejó claro a sus seguidores que no debían dar por sentada su enseñanza, sino que debían examinarla como un orfebre comprueba la calidad del oro. Les animó a comprobar que lo que decía era razonable y tendría el efecto de transformar sus mentes.

»La preservación de las enseñanzas de Buda se confió primero a los Siete Patriarcas que vinieron después de él. Sin embargo, en última instancia, fue en centros de aprendizaje como la Universidad de Nalanda donde se mantuvieron vivas. Los escritos de los maestros de Nalanda, entre ellos el Ingreso al Camino Medio y su autocomentario, revelan su gran erudición.

Su Santidad comenzó a leer enérgicamente el texto, haciendo alguna pausa para comentar aquí y allá. Señaló que la enseñanza del Buda se basa en la noción de surgimiento dependiente. También señaló que la gran compasión es muy valiosa. La compasión no sólo es crucial para los practicantes budistas, sino que es esencial en la vida ordinaria. Como seres humanos, si nos mantenemos en paz y nos ayudamos unos a otros, no sólo seremos felices nosotros mismo, sino que además crearemos una atmósfera feliz a nuestro alrededor.

«Cuando tenemos compasión —añadió—, no sólo tratamos de liberar a los seres del sufrimiento, sino que también tramos de reducir las causas y condiciones que dan lugar al sufrimiento. Por muy profunda que sea nuestra comprensión de la vacuidad, tiene que estar unida a la compasión.

»Pensamos naturalmente en mi cuerpo, mi habla y mi mente, pero ¿dónde está el «yo» que los posee? Cuando buscamos a este gobernador de nuestro cuerpo, habla y mente a la luz de la razón, no lo podemos encontrar. Pienso en mí mismo como uno de los bikshus de Buda Shakyamuni, pero cuando busco el yo de ese bikshu, no lo encuentro. El aferramiento a la sensación de que poseemos un «yo» objetivamente existente y sólido se ve efectivamente socavado por el cultivo de la comprensión de la vacuidad y el surgimiento dependiente».